Introducción
El vino ha sido la bebida universal por excelencia a lo largo de la historia de la humanidad. Acompaña a las culturas y sociedades mediterráneas desde hace 8000 años y en estos milenios ha estado presente en su desarrollo, en su imaginario colectivo, en su repertorio de símbolos litúrgicos y en sus usos y costumbres, representándose de infinitas formas. El vino posee un significado sagrado, poderes curativos, en definitiva, vida propia.
El vino es una “historia humana”. Comienza con la adoración a la bebida como un ser sobrenatural: el portador de la alegría. Asciende a las cimas de la inspiración dramática y desciende a las profundidades del engaño, la borrachera e incluso la traición. Implica unas convicciones espirituales apasionadas, como por ejemplo, la creencia islámica de que el vino es una bendición demasiado grande para el mundo de los vivos. Asiste al médico en su tarea de curar, al político en su idiosincrasia, al monje en su celda y al marinero en el mar. Podría decirse que el vino ha dado al hombre sus primeras clases de ecología. Estuvo presente en el nacimiento de la bioquímica y ha animado al hombre a avanzar en sus conocimientos, al tiempo que también lo ayudaba en su degradación.
Ese néctar sagrado ha viajado en forma de película, de tebeo, de postal, de moneda, de estela, de recetario y también como revista, enciclopedia, entrevistas y tratados doctorales.
Ha contado multitud de historias y desde muy amplias perspectivas. Algunas, han hecho referencia a la viña y a su cultivo. Otras hablan de la alimentación y de la forma en la que el vino se incorporó a nuestras vidas.
Y otras tantas, se cuentan a través de buriles, cinceles, lápices, pinceles o imprentas, como las que encontramos en este espacio web.
