114 Grabados

La Biblioteca Nacional cuenta con un gran número de grabados sobre la cultura del vino de todas las épocas y de muy diversos artistas, conservados todos ellos en el Servicio de Bellas Artes.

La iconografía relacionada con el vino en estos grabados es variada: mitología clásica, escenas religiosas, grabado costumbrista y escenas de género, sátira y crítica social, alegorías, motivos vegetales, elementos decorativos para la conservación, servicio y consumo del vino, etc.

Una parte muy importante de esta colección son los grabados mitológicos. La importancia que alcanzó el vino desde la Antigüedad Clásica se basa en el hecho de que tuvieran su propio dios ligado a esta bebida: Dionisos en Grecia y Baco en Roma. Además de estos dioses, también se representan sus cortejos dionisíacos o bacanales compuestos por otros tantos personajes como: Sileno, faunos o sátiros, bacantes y ménades, etc. Entre este conjunto destacan las obras renacentistas italianos: Bacanal con la cuba de Andrea Mantegna (s. XV); Sileno sostenido por dos sátiros y montado sobre un asno de Marco Dente (s. XVI) y Triunfo de Baco, de Giulio Bonasone (s. XVI).

El grabado religioso y sobre todo el ligado a la cristiandad, ocupa un importante papel en esta recopilación. El vino alcanzó una gran importancia al vincularse con la dimensión espiritual a través de los distintos mitos, ritos, sacrificios y experiencias místicas propias de las diferentes sociedades. El valor simbólico de la vid y el vino, su efecto embriagador y el aspecto suntuoso propiciaron el encuentro del hombre con lo sagrado con un carácter universal. El color del vino tinto, al ser fácilmente identificable con el de la sangre, constituyó un símbolo recurrente en diferentes creencias que vinculaban el mundo mortal con el divino. Los pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, relacionados con ese simbolismo y el recurso constante de la
transustanciación, se plasman en las obras: Lot y sus hijas (s. XVII), de Jan Joris van der Vliet, sobre composición original de Rembrandt; La última cena (s. XVIII) de François Ragot, sobre composición original de Rubens; Las bodas de Caná (s. XVI), de Cort Cornelis sobre composición original de Lorenzo Sabatini; La cena en casa de Simón (s. XVI-XVII) y La parábola del señor de la viña (s.XVIII).

Abundan las escenas de género, la escenificación de personas en situaciones cotidianas emplazados en espacios interiores o exteriores. Así, las representaciones de tabernas, banquetes, personas bebiendo, numerosas durante el s. XVII, destacan en el conjunto gráfico donde hombres, mujeres e incluso niños comen, fuman, juegan, en ocasiones bailan, pero casi siempre beben, todos ellos retratados de modo realista y en ocasiones incluso grotesco, plasmando la realidad de la época, las miserias humanas, la pobreza y la embriaguez. En este florilegio, destacamos: Tres bebedores (Vivitur Parvo Bene), de Cornelis Visscher, según composición original de Adriaen van Ostade, autores ambos especializados en esta tipología de escenas; El bebedor, de Cornelis Pietersz Bega, aprendiz y discípulo de Adriaen van Ostade; Violinista en una taberna, de Cornelis Visscher y Cuatro paisanos bebiendo y fumando (s.XVII), de Adriaen Brouwer.

Enlazando con el grabado de género y costumbrista está el grabado satírico, cuyo máximo exponente de esta galería es el artista británico del s. XVIII, William Hogarth. Sus obras retratan la sociedad del momento y sus “costumbres morales modernas”, una crítica social y política con un propósito edificante. Destacan las obras A midnight modern conversation, Beer Street, Gin Lane o La taberna por el realismo, lo impresionante de la iconografía sobre los efectos devastadores del alcohol en todos los estratos de la sociedad y su crítica.

La literatura y su máximo exponente en España, Miguel de Cervantes, también se encuentra relacionado con el vino y su plasmación en el arte. Recordamos el pasaje donde, Don Quijote, en pleno sueño y sonámbulo, la emprende a “espadazos” contra los odres de vino de la Venta donde descansa, convencido de que son gigantes. Manuel Salvador Carmona (s. XVIII), Ricardo Balaca o Tomás López Enguídanos (s.XIX), así reflejaron este ensueño en sus obras: Don Quijote derrota a los cueros de vino. La Biblioteca Nacional de España con motivo de la conmemoración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, desarrolló un micrositio digital que, desde este espacio invitamos a consultar.

Las alegorías en torno al vino, el simbolismo del otoño y la vendimia en el arte, los trabajos vinculados al cultivo de la vid, a la elaboración del vino o aludiendo a oficios auxiliares, también tienen su hueco en esta selección. Así, encontramos: Autumnus de Jacob Matham (s. XVI); El otoño, de Jan Saenredam (s.XVII); La Pleine Vendange, de Karl Wilhelm Weisbrod (s. XVIII) y La Vendangeuse, de Parfait Augrand (s. XIX).

Igualmente destacables son las representaciones de motivos puramente vegetales, litografías a color típicas de tratados ampelográficos como, por ejemplo Raisin Muscat Rouge de Benoit Chirat (s.XIX) y Raisin Augibi: (Muscat du Midi), de C. Adrien (s. XIX).

También aparecen composiciones a modo de bodegón y naturalezas muertas, con cálices, jarras y porrones: Copa con asa con cuerpo de serpiente y cabeza de fauno (s. XVI), de Virgil Solis; Dos copas del Tesoro del Delfín, de José María Galván y Candela (s. XIX) y personajes mitológicos relacionados con estos utensilios, como Hebe (s. XVIII), de Charles Howard Hodges, personificación de la juventud, ayudante y copera de los dioses en primera instancia para después ser suplantada por Ganímedes (s.XVII), que Bernardino Curti lo representa en pleno rapto por Zeus.

Aparte del grabado clásico, no hay que olvidar la iconografía vitivinícola representada en el grabado contemporáneo y donde grandes artistas del s. XX reproducen antiguas temáticas. De nuevo, la mitología romana se repite en la particular visión de la Bacanal de Picasso o en la escena costumbrista, Papa borracho de Ricardo Baroja.

No queremos olvidar a los nuevos creadores dentro de esta disciplina artística del grabado, hace años mal considerada como “arte menor”. La Fundación Vivanco para la Cultura del Vino en colaboración con la Escuela Superior de Diseño de La Rioja (ESDIR), convoca anualmente el Premio Internacional de Grabado y Vino, que en 2017 celebra su décima edición. La Biblioteca Nacional de España custodia y conserva algunas de las obras presentadas a estos premios cuya temática gira en torno al vino y que también se incluyen en este acervo: Esencia de vino (2008), de David Rodríguez Caballero, primer premio en la 1ª edición; Metamorfosis del vino (2010), de Ana Criales, seleccionada en la 3ª edición o Barricas de roble (2011), de Maite Díaz Aguado, segundo premio en la 4ª edición.

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